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miércoles, 11 de mayo de 2016

Niños refugiados: corazones heridos en busca de esperanza.


El drama de los niños refugiados y sus familias va más allá de un desastre humanitario al que no deberíamos volver el rostro. Sus corazones heridos ansían esperanza, no hay duda, pero sus mentes infantiles y los traumas psicológicos a los que van a tener que hacer frente, van a dejar una huella tan profunda en ellos, que posiblemente, no superen jamás.
Hemos de pensar que en el cerebro de todo niño subyace la idea casi instintiva de que sus padres son capaces de protegerles de todo mal. Cuando esto no ocurre, cuando pierden a miembros de su familia y el mundo se desmorona ante ellos bajo la sombra de la atrocidad y el desconsuelo, algo se rompe en la mente de un niño.
El apoyo psicológico debe formar parte también de esa ayuda humanitaria imprescindible que requieren todos los campos de refugiados, que a día de hoy, habitan en nuestras fronteras. Los adultos, pero en especial los niños más pequeños y los adolescentes, requieren de un apoyo mentalcon el que poder restaurar esas heridas que no se ven en la piel, pero que pueden quedar para siempre en sus mentes, en sus almas…


El drama de los niños refugiados

No basta un minuto de telediario para comprender la situación que llegan a vivir todos estos niños y sus familias. Los refugiados sirios, por ejemplo, cargan sobre sus espaldas más peso que el de los pocos enseres que han podido conservar. El suyo es lastre imborrable de masacres, violaciones, bombas, francotiradores y barrios enteros convertidos en escombro.
Muchos de esos niños salen de sus países de origen junto a los familiares rumbo al mar Mediterráneo. Una balsa llena de gente y un chaleco de mala calidad son sus únicos medios para encontrar ese mundo mejor del que les hablan su madre, su padre o sus hermanos. Pero el mar es traicionero y, en ocasiones, han de añadir otro trauma a su ya de por si fragmentada mente infantil habitada por demasiados sótanos oscuros.
Jan Kizilhan, experto  en psicología infantil, declaró en la “Sociedad Alemana de Medicina Infantil y Juvenil” de Múnich, que 1 de cada 5 niños refugiados padece estrés postraumático y que la mayoría de ellos sufrirán secuelas psicológicas de por vida.


Los efectos de la guerra y el desplazamiento en los niños refugiados

Organismos, como la International Medical Corps, administraron unas pruebas psicológicas a cerca de 8000 refugiados sirios que se encontraban en la frontera de Jordania hace unos meses. Los resultados fueron los siguientes:
  • El 28% de los adultos estaban tan desesperados que se sentían casi paralizados. El 25% declaraba que no deseaba seguir viviendo. El resto, afirmaban que toda la fuerza que les quedaba tenía su origen en la necesidad de ofrecer un futuro a sus hijos.
  • Por su parte, los niños que estaban en estos campamentos de refugiados, sufrían migrañas, diarreas, incontinencia urinaria y pesadillas. Síntomas evidentes de un grave estrés postraumático y de dolencias psicosomáticas que sus padres y madres no sabían cómo atender.
  • El cuadro clínico de los niños refugiados es casi siempre el mismo: retraimiento, graves trastornos del sueño, depresión y un estrés que les hace revivir hechos traumáticos una y otra vez, hasta el punto de no poder diferenciar lo que es real de lo que no.
Tal y como podemos ver, la salud mental de todas estas personas y en especial de los más pequeños, es algo que va más allá del frío y el hambre. Hablamos de heridas internas que persistirán en la edad adulta, que conformarán un carácter basado en la desesperanza; y no hay nada más desolador que un niño que no recuerde qué es una sonrisa,  y que no pueda ver su futuro con esperanza.


Cómo afrontar el apoyo psicológico a los niños refugiados

La sociedad y los ejes de la política internacional son los únicos que pueden dar el primer paso para conformar una solución real y factible a este problema. El apoyo psicológico que se pueda ofrecer a un niño y a sus familias a pie de campamento, no va a tener el suficiente impacto como para conseguir una mejoría a largo plazo.
  • Es necesario ofrecerles estabilidad, un entorno protegido, hábitos y una cotidianidad en la cual empezar a sentirse seguros.
  • Algo tan esencial como poder acudir a un colegio de nuevo con normalidad e integrarse a unas rutinas, les permitirá poder dejar de preocuparse de sus familias y de ellos mismos. Deben recuperar la “sensación de seguridad y de control” sobre sus propias vidas.
  • Una vez cubiertas esas necesidades esenciales, se podría empezar a trabajar con ellos los miedos, sus recuerdos y por supuesto, sus traumas. Estrategias como el dibujo puede ayudarles a canalizar muchos de esos hechos horribles alojados en su mente.
Todos los niños tienen esa cualidad llamada resiliencia, con la cual, poder superar ese pasado de horror. Mediante una adecuada psicoterapia, unida al cariño familiar y a una sociedad capaz de acoger, envolver e integrar, podríamos sin duda ofrecerles una segunda oportunidad. Pero, esto ya es algo de todos.


Esperemos sin duda que la política actual tome rumbos más adecuados, de manera que la gestión de nuestros recursos y los del planeta se enfoque hacia un bienestar global y no a buscar el de cada país, el de cada casa o el de cada individuo de manera competitiva y feroz. Porque el horror no sabe de patrias ni de banderas y el dolor de todas esas familias y de sus niños es una llamada que no deberíamos descuidar.


lunes, 14 de marzo de 2016

Policía australiano adopta bebé canguro.


Scott Mason es un detective de policía australiano que ha conmovido a todo su país gracias a un gesto: adoptar a un bebé canguro huérfano.
La madre del animal fue atropellada por un camión en la ciudad de Cue, cerca de Perth. El detective Mason se hizo puesto del animal, que no dudó en utilizar la ropa del policía según si del marsupio de su madre se tratara.
En un aviso en Facebook, la Policía solicito cooperación para bautizar al animal: el nombre elegido es Cuejo, una mezcla de Cue y Joey, el primer nombre que le pusieron al cangurito, que sigue al detective Mason allá donde va.




El amor por los animales, el arma más poderosa del ser humano
Cualquiera que tenga en su casa perro, gato o cualquier tipo de mascota sabe del importante papel que el animal desempeña en la familia, pero seguramente no sabe que la relación del ser humano con los animales jugó un papel determinante incluso en la propia evolución de la especie, y que nuestra empatía y nuestro lenguaje no serían los mismos sin ellos.  
Tal y como demuestra la paleontóloga Pat Shipman en su último libro, La conexión animal, el vínculo con los animales jugó un papel esencial y beneficioso en la evolución humana en los últimos 2,6 millones años. Según su teoría los homínidos primigenios tuvieron que aprender a ponerse en el lugar de los animales para evitar ser atacados por ellos o bien para cazarlos, lo que provocó el desarrollo de la empatía en el cerebro y las emociones humanas.
Con el tiempo, explica Shipman, el volumen de información sobre los animales aumentó, los beneficios evolutivos de la comunicación de este conocimiento a otros también, y el lenguaje evolucionó como un medio externo de la manipulación y transmisión de información a través de símbolos. “Aunque no podemos descubrir el uso más temprano del lenguaje mismo, podemos aprender algo de los primeros artes prehistóricos con contenido inequívoco. Casi todas estas obras de arte representan a los animales”, asegura.
Tras acumular una gran cantidad de información acerca de los animales el hombre comenzó a domesticarlos (hace unos 32.000 años) con fines muy variados: “Ofrecían inmensos recursos renovables para tareas como el seguimiento de juego, la destrucción de los roedores, la protección de familiares y bienes, prestación de lana para el calor, el transporte de seres humanos y mercancías a largas distancias, y la proporción de leche a los bebés humanos”, explica la antropóloga.

Una compañía que cura
La evolución de esta relación entre seres humanos y animales ayudó a que la primera especie desarrollara, pues, características específicamente humanas, como son la empatía, la compasión y el compromiso. Aspectos que todavía seguimos fomentando continuamente a través de una relación que es “fundamental” para el ser humano, en opinión del psicólogo clínico Félix Zaragoza, de Activa Psicología.
Él es muy consciente de lo “valiosa” que es la unión entre un animal y un ser humano, ya que muchas veces en su terapia recurre a ellos. Durante el verano, por ejemplo, lleva a niños autistas, discapacitados o con problemas neurológicos a nadar con osos marinos, una actividad de lo más gratificante para los pequeños, que pueden abrazar algo parecido a un “peluche gigante” que tiene un carácter “parecido al de un perro”, como explica Zaragoza.
Y es que la afirmación de que el perro es el mejor amigo del hombre no es simple palabrería. “La relación que desarrollamos con las mascotas es muy importante y muy valiosa, es diferente de la que tenemos con amigos o familiares y nos enriquece de otra manera, por otros canales”, explica Zaragoza.
De hecho, en un test psicológico que se realiza con frecuencia se muestran dos fotografías; en una de ellas aparece un hombre sentado en un sofá junto a un gato y en otra está el mismo hombre, pero sin gato. Ante la pregunta “¿quién te parece mejor persona?” una amplísima mayoría de participantes responde que el hombre que aparece con el gato.
Y es que, como apunta Zaragoza, los animales no juzgan a sus dueños, sino que los aceptan y quieren tal cual son. Por eso es tan especial el vínculo que desarrollamos con ellos. por eso y porque nos permite tener ‘alguien’  con quien desahogar nuestras emociones, ‘alguien’ de quién preocuparnos y ‘alguien’ que nos acompaña y nos aprecia sin condiciones.



Fuentes:

cazanoticia.com
Cue Police
elconfidencial.com