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viernes, 28 de diciembre de 2018

La fe como brújula de los migrantes centroamericanos.


Juan Francisco, de 25 años, de Honduras, parte de una caravana de miles de migrantes de América Central que viajan a los Estados Unidos, muestra su tatuaje: "Puedo hacer todo con Cristo que me fortalece" mientras posa para una foto fuera de un refugio temporal en Tijuana, México, 26 de noviembre de 2018.

La fe como brújula de los migrantes centroamericanos.Varias 'caravanas' de inmigrantes en su mayoría hondureños que hicieron la caminata este año enfrentaron condiciones difíciles, con un intenso calor durante el día y buscando un lugar seguro para dormir por la noche.


En el largo viaje desde América Central hasta los EE. UU, muchos migrantes se han apoyado en su religión. 




Los migrantes, parte de una caravana, levantan la mano mientras rezan antes de trasladarse en autobús a un nuevo refugio, en Tijuana, México, 30 de noviembre de 2018.



Herso, de 17 años, de Honduras, posa para una foto mientras lleva una camiseta que representa a la Virgen de Guadalupe en unrefugio temporal en Tijuana, México, el 24 de noviembre. 2018.


Una escritura "Jesucristo es el Señor" se ve en la ventana de un automóvil fuera de un refugio temporal para una caravana de miles de migrantes de Centroamérica, en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018.



Varias 'caravanas' de inmigrantes en su mayoría hondureños que hicieron la caminata este año enfrentaron condiciones difíciles,enfrentándose a un intenso calor durante el día y buscando un lugar seguro para dormir por la noche.



Los migrantes levantan las manos mientras escuchan la predicación del pastor José Murcia (no fotografiado) frente a un refugio temporal en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018.



El pastor José Murcia, de 47 años, predica a los migrantes, fuera de un refugio temporal en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018.




Nicolás Alonso Sánchez, de 47 años, de Honduras, posa para una foto mientras sostiene una cruz en un refugio temporal en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018. "Dios ayudó "Me dio la fuerza y ​​me ayudó a hacer realidad mis sueños. Dios me dio toda la fuerza para llegar hasta aquí", dijo Sánchez.


Un migrante duerme con un libro en español "¿Qué nos enseña la Biblia?" en un refugio temporal en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018.


Elmer, de 29 años, de Honduras posa para una foto mientras sostiene un icono que representa a Jesucristo y la Virgen de Guadalupemientras se alinean para la distribución de alimentos fuera de un refugio temporal en Tijuana, México, 24 de noviembre de 2018.


Juan Francisco, de 25 años, de Honduras, muestra su tatuaje del Salmo 23 del Libro de los Salmos mientras posa para una foto fuera de un refugio temporal en Tijuana, México. 26 de noviembre de 2018.


Víctor Alfonso, de 29 años, de Guatemala, posa para una foto mientras lleva los amuletos que representan a la Virgen de Guadalupeen un refugio temporal en Tijuana, México, 26 de noviembre de 2018.


Un migrante está envuelto con una pancarta que representa a la Virgen de Guadalupe frente a un cordón policial antidisturbios, mientras los inmigrantes intentan llegar al muro fronterizo entre los Estados Unidos y México en Tijuana. , México 25 de noviembre de 2018.


David Amador, de 25 años, de Honduras, sostiene una cruz en un refugio temporal en Tijuana, México, 28 de noviembre de 2018.


Un folleto del Salmo 119: 105 en una carpa en un refugio temporal en Tijuana, México, 27 de noviembre de 2018.


Los migrantes, parte de una caravana de El Salvador que viaja a los Estados Unidos, rezan cuando la policía mexicana los bloquea durante una operación para detenerlos por ingresar ilegalmente al país, en Metapa, México, 21 de noviembre de 2018.

Fuente: infobae.com

lunes, 20 de junio de 2016

Los refugiados dan el doble de lo que reciben.

Jeantier Uwimana, refugiada de 39 años y madre de 9 hijos, recibe el dinero asociado a un teléfono móvil. Al fondo, el campo de Kigeme. WFP/JOHN PAUL SESONGA

Por cada euro de ayuda, generan dos para la economía local, según un estudio en tres campos en África.

Los refugiados no son una carga para quien los acoge, más bien, le enriquecen. Eso es lo que muestra un estudio con tres campos de refugiados en Ruanda. Un grupo de economistas han estimado que por cada euro de ayuda humanitaria que recibe un refugiado, las personas y negocios cercanos al campo ingresan hasta el doble. Este efecto multiplicador es más acusado cuando la ayuda es en efectivo y se suaviza si es en especie.

Aunque Ruanda aún se está recuperando de su propia guerra civil, Naciones Unidas tiene en el país africano cinco campos de refugiados. Allí viven casi 75.000 personas que huyeron de la vecina República Democrática del Congo por otro conflicto fratricida. La situación económica es igual de precaria en ambos países, pero al menos en el primero ya no hay matanzas. El escenario era el ideal para estudiar el impacto de los refugiados allí donde se asientan.

Es lo que han hecho economistas de la Universidad de California, Davis (EE UU) y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Analizaron la situación de los campos de Gihembe, Nyabiheke y Kigeme. En los dos primeros, los refugiados reciben una asignación anual en metálico. Con ese dinero han de procurarse la comida y otros productos de primera necesidad en los mercados locales. En el tercero, a cada refugiado se le entregan cuatro productos básicos para sustentarse y, si tienen excedente, comerciar o intercambiar por otros.

Los congoleños refugiados en Ruanda reciben unos 100 euros anuales de ayuda y generan más de 200

Con los datos de las asignaciones, población de los campos y economía de las regiones de los asentamientos, los investigadores pudieron modelar cuánto generaba cada nuevo refugiado en un radio de 10 kilómetros alrededor de cada campo. En Gihembe, donde cada persona recibe de Naciones Unidas 105 euros anuales, su impacto en la economía local genera 180 euros. En el caso de Nyabiheke, donde la asignación es algo mayor (110 euros), las externalidades generadas por cada refugiado alcanzan los 222,5 euros, doblando el importe de la ayuda.

"Los resultados de nuestra investigación contradicen la percepción generalizada de que los refugiados son incapaces de aportar nada, siendo dependientes de la ayuda humanitaria", dice el economista de la universidad californiana y principal autor del estudio, Edward Taylor. Estos datos, que confirman el efecto beneficioso señalado por otros estudios, muestran que los desplazados "a pesar de su migración forzosa y de vivir a menudo en condiciones de indigencia, aún son productivos y pueden establecer relaciones beneficiosas con la economía del país de acogida", añade.

El trabajo, publicado en la revista PNAS, detalla los sectores de la economía local que más se benefician de los refugiados. La mitad de los ingresos van a parar al sector agropecuario. Las tiendas y comercios locales obtienen otro 25%. Del ingreso total de la economía de la zona en un radio de 10 Km, el 5,5% es generado por los refugiados. El trabajo de campo también mostró que para el 17% de los negocios de las zonas circundantes a cada campo, los desplazados eran sus principales clientes.

Los refugiados también estimulan el comercio entre la economía local y la del resto de Ruanda, aportando a esta última una cantidad de 48,6 euros por refugiado y año (Nyabiheke) y 43,2 (Gihembe). A pesar de ser cantidades modestas para el nivel de vida occidental, estas cifras pueden ser verdaderos motores de la economía local para zonas de países como Ruanda, donde la renta per cápita apenas supera los 500 euros.


Los efectos sobre la economía local son mayores cuando la ayuda es en dinero y no en especie

En Kigeme, el tercero de los campos, los refugiados no reciben dinero sino una cantidad de maíz judías, aceite y sal por valor de unos 100 euros. Los investigadores comprobaron que casi el 90% de los desplazados tenía excedente, en especial del primero, y lo intercambiaban por otros productos en los mercados locales. Pero, en este caso, las externalidades generadas fueron más modestas, unos 128 euros de ingresos para la economía circundante. Además, el pago en especie elevó los precios de los productos locales en mayor proporción que el dinero de los otros dos campos, siendo este el único efecto negativo que han encontrado.

"Esto sugiere que pasar de una ayuda en especie a otra en metálico puede ofrecer grandes beneficios económicos para los países que acogen refugiados, siempre que los granjeros y comerciantes locales sean capaces de atender una mayor demanda de comida", señala el economista estadounidense.

Si esto sucede en tres campos con unos pocos miles de refugiados, ¿qué efecto sobre la economía local pueden tener los 4,8 millones de sirios que han huido a los países vecinos? ¿Cuál es el efecto de los 65,3 millones de personas que han tenido que huir de su propio país? Otra cuestión sin responder es qué sucede con el efecto dinamizador sobre la economía de los refugiados si no hay esa primera ayuda que inicie la cascada económica.

Fuente: elpais.com

miércoles, 11 de mayo de 2016

Niños refugiados: corazones heridos en busca de esperanza.


El drama de los niños refugiados y sus familias va más allá de un desastre humanitario al que no deberíamos volver el rostro. Sus corazones heridos ansían esperanza, no hay duda, pero sus mentes infantiles y los traumas psicológicos a los que van a tener que hacer frente, van a dejar una huella tan profunda en ellos, que posiblemente, no superen jamás.
Hemos de pensar que en el cerebro de todo niño subyace la idea casi instintiva de que sus padres son capaces de protegerles de todo mal. Cuando esto no ocurre, cuando pierden a miembros de su familia y el mundo se desmorona ante ellos bajo la sombra de la atrocidad y el desconsuelo, algo se rompe en la mente de un niño.
El apoyo psicológico debe formar parte también de esa ayuda humanitaria imprescindible que requieren todos los campos de refugiados, que a día de hoy, habitan en nuestras fronteras. Los adultos, pero en especial los niños más pequeños y los adolescentes, requieren de un apoyo mentalcon el que poder restaurar esas heridas que no se ven en la piel, pero que pueden quedar para siempre en sus mentes, en sus almas…


El drama de los niños refugiados

No basta un minuto de telediario para comprender la situación que llegan a vivir todos estos niños y sus familias. Los refugiados sirios, por ejemplo, cargan sobre sus espaldas más peso que el de los pocos enseres que han podido conservar. El suyo es lastre imborrable de masacres, violaciones, bombas, francotiradores y barrios enteros convertidos en escombro.
Muchos de esos niños salen de sus países de origen junto a los familiares rumbo al mar Mediterráneo. Una balsa llena de gente y un chaleco de mala calidad son sus únicos medios para encontrar ese mundo mejor del que les hablan su madre, su padre o sus hermanos. Pero el mar es traicionero y, en ocasiones, han de añadir otro trauma a su ya de por si fragmentada mente infantil habitada por demasiados sótanos oscuros.
Jan Kizilhan, experto  en psicología infantil, declaró en la “Sociedad Alemana de Medicina Infantil y Juvenil” de Múnich, que 1 de cada 5 niños refugiados padece estrés postraumático y que la mayoría de ellos sufrirán secuelas psicológicas de por vida.


Los efectos de la guerra y el desplazamiento en los niños refugiados

Organismos, como la International Medical Corps, administraron unas pruebas psicológicas a cerca de 8000 refugiados sirios que se encontraban en la frontera de Jordania hace unos meses. Los resultados fueron los siguientes:
  • El 28% de los adultos estaban tan desesperados que se sentían casi paralizados. El 25% declaraba que no deseaba seguir viviendo. El resto, afirmaban que toda la fuerza que les quedaba tenía su origen en la necesidad de ofrecer un futuro a sus hijos.
  • Por su parte, los niños que estaban en estos campamentos de refugiados, sufrían migrañas, diarreas, incontinencia urinaria y pesadillas. Síntomas evidentes de un grave estrés postraumático y de dolencias psicosomáticas que sus padres y madres no sabían cómo atender.
  • El cuadro clínico de los niños refugiados es casi siempre el mismo: retraimiento, graves trastornos del sueño, depresión y un estrés que les hace revivir hechos traumáticos una y otra vez, hasta el punto de no poder diferenciar lo que es real de lo que no.
Tal y como podemos ver, la salud mental de todas estas personas y en especial de los más pequeños, es algo que va más allá del frío y el hambre. Hablamos de heridas internas que persistirán en la edad adulta, que conformarán un carácter basado en la desesperanza; y no hay nada más desolador que un niño que no recuerde qué es una sonrisa,  y que no pueda ver su futuro con esperanza.


Cómo afrontar el apoyo psicológico a los niños refugiados

La sociedad y los ejes de la política internacional son los únicos que pueden dar el primer paso para conformar una solución real y factible a este problema. El apoyo psicológico que se pueda ofrecer a un niño y a sus familias a pie de campamento, no va a tener el suficiente impacto como para conseguir una mejoría a largo plazo.
  • Es necesario ofrecerles estabilidad, un entorno protegido, hábitos y una cotidianidad en la cual empezar a sentirse seguros.
  • Algo tan esencial como poder acudir a un colegio de nuevo con normalidad e integrarse a unas rutinas, les permitirá poder dejar de preocuparse de sus familias y de ellos mismos. Deben recuperar la “sensación de seguridad y de control” sobre sus propias vidas.
  • Una vez cubiertas esas necesidades esenciales, se podría empezar a trabajar con ellos los miedos, sus recuerdos y por supuesto, sus traumas. Estrategias como el dibujo puede ayudarles a canalizar muchos de esos hechos horribles alojados en su mente.
Todos los niños tienen esa cualidad llamada resiliencia, con la cual, poder superar ese pasado de horror. Mediante una adecuada psicoterapia, unida al cariño familiar y a una sociedad capaz de acoger, envolver e integrar, podríamos sin duda ofrecerles una segunda oportunidad. Pero, esto ya es algo de todos.


Esperemos sin duda que la política actual tome rumbos más adecuados, de manera que la gestión de nuestros recursos y los del planeta se enfoque hacia un bienestar global y no a buscar el de cada país, el de cada casa o el de cada individuo de manera competitiva y feroz. Porque el horror no sabe de patrias ni de banderas y el dolor de todas esas familias y de sus niños es una llamada que no deberíamos descuidar.