viernes, 11 de enero de 2019

Peligro: este museo está abarrotado.

Visitantes en la sala de La Gioconda del Louvre. CHARLES PLATIAU REUTERS

El éxito de visitas pone en riesgo la experiencia ante las obras de arte y cuesta aclarar cuál es el límite que diferencia accesibilidad de masificación.



Cuando usted lea este artículo casi 200.000 personas habrán pasado, desde el 1 de enero, por la sala del Louvre donde cuelga La Gioconda. Antes de que acabe el mes, solo esta sala habrá tenido más visitas que el Museo Arqueológico Nacional de España en un año entero. Cada día se asoman más de 20.000 visitantes a la habitación del icono de Leonardo, ojo: el 30 de abril de 2018 el Museo del Prado recibió 13.820 visitantes, fue el día de mayor afluencia. El museo madrileño cerró el año con 2,9 millones de visitas, muy lejos de los 10,2 millones de personas circulando –con dificultad– por las salas del parisino. Es un crecimiento del 25% respecto al año anterior, es decir, alguien entra cada dos segundos. Más del 70% de los visitantes no son franceses.


El Louvre se ha convertido en el Everest del turismo cultural, que según el Consejo Internacional de Museos (ICOM), tiene por objetivo “el conocimiento” y contribuir al mantenimiento y la protección del patrimonio. Pero, ¿es posible “el enriquecimiento personal” en un museo en estas condiciones de aglomeración? “Por supuesto que no”, responde Alicia Castillo, presidenta del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). “Para disfrutar de la visita necesitas condiciones que facilitan la contemplación. Todo lo que sea acumular personas en un mismo lugar es insostenible. La masificación solo trae deterioro. De todas maneras, el problema de los museos del siglo XXI no es que vaya mucha gente a los museos, prefiero que los museos mueran de éxito a verlos vacíos”, añade. Quizá el público no tanto.

“La multitud que se agolpaba delante de la obra me hizo complicadísima la explicación”, comenta una guía de museos con diez años de experiencia sobre su última visita al Jardín de las delicias de El Bosco, en el Museo del Prado. “No es una pintura fácil, porque es muy detallista y para verla y explicarla con detenimiento habría que estar a solas con ella cerca de 20 minutos, pero eso es imposible en un museo como éste”, cuenta la guía, que prefiere no aparecer con su nombre. Llama la atención y alerta sobre los visitantes que vagan ciegos por los museos, sin apreciar ni atender, instagrameando... De hecho, hace cuatro años la cantante Beyoncé estuvo junto a La Gioconda, se retrató y subió su retrato a su perfil de la red social, con 840.000 me gusta. Este 2018 rodó el vídeo del tema Everything is Loveen el Louvre y fue uno de los motivos del éxito en audiencias.
Aforo para vivir

Delante de La Gioconda no puede haber más de 200 personas. Frente al Guernica, nunca superarán las 80. Son aforos para no poner en riesgo las piezas. El Prado no tiene aforo ni en la sala de El jardín de las delicias ni en Las Meninas, solo se aforan las temporales, como ocurrió en la popular exposición de El Bosco, donde según el museo “hubo menos de 500 quejas”. Todas hacían referencia a que había demasiada gente y no se podía acceder. Noelia Ibáñez Pérez es la responsable de público del Prado y cuenta que ultiman una herramienta big datacontra la masificación y la optimización de recursos. En el Prado, el 60% es público extranjero.

El éxito no es la audiencia desorbitada, sino “la experiencia grata”, cuenta Jorge García Gómez-Tejedor, jefe de restauración del Reina Sofía, quien aboga por la organización y la previsión para evitar la masificación. Hay que situarse más allá de las cifras porque si un gran número de visitantes pasan por la exposición sin aprender nada “es un fracaso”. Esa es una de las conclusiones del informe La experiencia de la visita al museo (2013), realizado por el Ministerio de Cultura.

Lucas García Guirao, subdirector adjunto de Museos Estatales, explica a este periódico que “las aglomeraciones no son el mejor entorno para tener una experiencia adecuada en un museo”. Aunque apunta que “peor que el turismo masivo es la ausencia de turismo”. Entonces, ¿los museos deben ser accesibles, pero no mucho? “Los museos se dirigen a la ciudadanía y debemos diversificar las visitas para evitar aglomeraciones en un único museo. Por eso es importante cuidar la fidelidad del visitante”, explica.

Quizás nos estemos equivocando de preguntas. Y lo realmente importante para determinar la calidad de un museo o una exposición no sea cuánto se ha aprendido, sino qué ha visto, oído, sentido hecho o experimentado el visitante. La experiencia es un fin en sí mismo y la masificación es su kryptonita: “Conllevan experiencias negativas”, dice Eloísa Pérez Santos, investigadora de públicos en museos y exposiciones. “Los museos atestados pueden ser altamente distractores a causa de un ambiente ruidoso, exceso de calor y gente y una gran cantidad de objetos expuestos. La experiencia puede llegar a ser estresante y eso es incompatible con la satisfacción”, dice la especialista.
Avalancha china

Y la riada de personas no va a parar de crecer. La experta en turismo cultural y coordinadora del Grado de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, María Velasco González, avisa de la incorporación de sociedades que habían permanecido al margen del ocio vacacional internacional, como la china. Por eso cree que debemos abandonar la idea, “naif e interesada” de que “el cuestionamiento de los límites del turismo pone en riesgo una actividad económica fundamental en nuestro país y en el planeta”. Y apela a “la responsabilidad” de los gestores turísticos y gestores del patrimonio para proteger el legado.

Pero es un debate sin resolver: nadie aclara cuál es el “uso responsable” de los bienes patrimoniales en el enfrentamiento entre la industria del turismo y la protección del patrimonio. Por si fuera poco, en este choque el Louvre es una excepción: “La mayoría de los museos están vacíos”, dice Alicia Castillo, que es partidaria de la creación de réplicas para la salvaguarda del patrimonio ante la afluencia masiva de turistas. “No hay por qué visitar los originales. La reproducción es una alternativa de carácter interpretativo muy válida, como ocurre en las cuevas de Altamira”. La cultura china tampoco detesta la copia.

A los museos les está costando establecer el equilibrio entre la accesibilidad y la masificación, de diferenciar entre lo que es una visita y una experiencia, entre un turista y un visitante. “El límite es el que haga posible la visita”, apunta José Luis Pérez Pont, director del Centre Carme de Valencia y gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV), que destaca que la misión del museo es más importante que las audiencias. De hecho, aboga por la accesibilidad y las cifras lo avalan: llegó al museo en 2016, con 71.000 visitantes, ha cerrado 2018 con 342.000 personas. “La masificación genera un efecto contrario a la accesibilidad y la agitación cultural”, dice el director de un museo que el 20% de sus visitantes es extranjero. “Este museo es para el ciudadano y el Louvre para los turistas”, remata.

Fuente: elpais.com

jueves, 10 de enero de 2019

Descubren en varios alimentos naturales una sustancia que retrasa el envejecimiento.


En muchas frutas y verduras está presente la fisetina, una sustancia que prolonga la vida debido a que reduce la cantidad de células dañadas en el organismo.


miércoles, 9 de enero de 2019

Le diagnosticaron muerte cerebral, sus hijos autorizaron a desconectarlo y milagrosamente “revivió”.


Tras desenchufarlo de la asistencia respiratoria mecánica, el hombre de 61 años seguía respirando por sus propios medios, entonces detectaron que tenía una extraña enfermedad.


Después de que sus hijos tomaran la difícil decisión de desconectarlo de la asistencia respiratoria mecánica, un hombre abandonó el hospital en Omaha, Estados Unidos, donde permaneció en terapia intensiva durante semanas.


Luego de quedar al borde de la muerte cerebral, la familia de Scott Marr lo rebautizó como el “hombre milagro”.

El 12 de diciembre de 2018 a Scott lo encontraron en su cama inconsciente, sin responder a los estímulos pero aún respirando.

En el hospital, detectaron que Marr había sufrido un derrame cerebral, por lo que quedó internado en terapia intensiva, conectado a la máquina de asistencia respiratoria.

Al día siguiente, el paciente no mostró mejoría neurológica y la inflamación del cerebro, principalmente en la parte posterior, encendió el alerta médica.

“En este caso, nos preocupaba que esto fuera un proceso irreversible y que pasará a una muerte cerebral”, contó la Dra. Rebecca Runge.Preston Marr y su padre Scott, llorando durante una conferencia de prensa.

Según declaró Preston Marr, la hija de Scott, su familia debió enfrentar una dura realidad: no tenían esperanzas de que el hombre de 61 años se recuperara.

“Él siempre dijo: ‘No quiero que me vean nunca postrado en una cama de hospital ni en un asilo de ancianos'”, recordó Preston. 

“Nos dijeron que estaba en camino a la muerte cerebral, así que nos despedimos antes de extubarlo, todos los monitores se apagaron y esperamos a su lado”, relató su hija sobre el momento en que lo desconectaron de la máquina de asistencia respiratoria.

No obstante, Scott siguió respirando por su cuenta en los instantes posteriores, y también a la mañana siguiente, cuando sus hijos volvieron a visitarlo tras cancelar la cita pactada con la funeraria.

“Le pedí que moviera sus pulgares, y él lentamente movió sus pulgares, y le pedí que moviera los dedos de los pies, y él movió todos los dedos de los pies muy ligeramente”, se emocionó Preston.

Ante ese nuevo panorama, los médicos ordenaron nuevos estudios y allí descubrieron que Scott sufría una enfermedad rara llamada síndrome de encefalopatía posterior reversible. “Comúnmente, lo causa una alta presión arterial, pero hay muchas cosas que pueden originarlo”, afirmó el Dr. Runge.

En la misma línea, el médico comentó que la hinchazón severa que experimentó Marr no es típica del síndrome, por lo que el diagnóstico inicial fue un ataque cerebral devastador.

“No quiero convertir esto en una gran cosa religiosa, pero tengo que decirlo: fue un milagro”, concluyó Scott.

lunes, 7 de enero de 2019

Los propósitos del año nuevo como reflexión del plan de vida.


Cada año, supongo que por moda o por la necesidad de cerrar un capítulo, muchas personas desean evaluar el año anterior y establecer sus nuevos propósitos para el año que inicia. Estas reflexiones de año nuevo pueden ser muy gratificantes o una verdadera vendimia, según cómo estemos antes de hacer el balance general de nuestra vida.

No obstante, hay otras circunstancias en que esta evaluación anual es una urgencia en la vida y, por lo cual que el proceso debe hacerse con cuidado. Para el caso, un ejemplo excepcional es la película de Disney del año 2000 “The kid” o “Un encuentro conmigo mismo” como lo tradujeron para los latinos. En dicha película Bruce Willis quién es Rust Dyritz se encuentra consigo mismo pero treinta y dos años más joven, cuyo papel hace muy bien Spencer Breslin.

No quiero hablar del niño interior, ni de la teoría del PAN, porque ya otros colegas lo han hecho antes, quiero hablar de la manera en que las discrepancias de los hechos actuales y las expectativas que teníamos chocan para formar una crisis en nuestro plan de vida.

Reflexiones de año nuevo

Todo comienza, como en la película, con un momento en la vida en la que no estamos a gusto con nosotros mismos. El fin de año puede ser uno de esos momentos o, como leí hace poco en un periódico inglés, el año de vida que termina en 9, como Rust Dyritz que tiene 39 años.

Al principio la película nos deja ver qué características de personalidad tiene, alabada por muchos y criticada por otros. Posee dinero pero no parece sentirse completo.

Sus problemas empiezan cuando nota algo raro en sí mismo y luego, de modo fantasioso, se encuentra con sus antiguas expectativas (con él mismo cuando iba a cumplir 8 años) y, al compararse, le da un ataque de nervios.


Condiciones tan extremas pueden darse en la vida real en forma de abreacción cuando las diferencias entre nuestras expectativas pasadas y nuestra conducta actualson demasiado inaceptables para nuestro inconsciente que las reprime.

Pero la mayoría de personas encuentran estas diferencias nada más incómodas o motivos para deprimirse, sin llegar a síntomas psicóticos como en la película. De todos modos, casi siempre es una falta de revisión periódica del plan de vida o la ausencia de dicho plan, la que lleva a estos puntos tan molestos.
La necesidad de un plan de vida

Un plan de vida, por tonto que parezca, es el mástil que le da dirección a nuestra vida. Esto no significa que no podamos cambiar el plan de vida, porque a medida que crecemos cambiamos de opinión con respecto a muchas cosas. Mientras más áreas podamos definir mejor sabremos lo que queremos y evitaremos que las circunstancias se apoderen de nosotros.

La falta de plan de vida es la principal causa de que las crisis existenciales de ciertas edades normativas en el desarrollo humano, se conviertan en un desastre porque la persona siente que han pasado tantos años y no han hecho nada. Despiertan una mañana y tienen la sensación de que se están poniendo viejos y no han avanzado nada en su vida.

Rust, el adulto es un buen ejemplo de esto y, ante su crisis, busca lo que le parece seguro ante su crisis (un sándwich) pero mientras no se enfrente a la crisis, no conseguirá deshacerse de la raíz de lo que le molesta.

Muchas veces, sabiendo que no nos sentimos bien, buscamos algo que nos consuele y, no es que esto sea malo, lo malo es hacerlo porque no queremos enfrentar la causa de lo que nos descompone emocionalmente.

¿Qué diferencia a los que se entregan a la desesperación de los que la resuelven? La diferencia radica en llevar a cabo una serie de pasos luego de descubrir que algo anda mal:

Aceptar que esta crisis es real, con lo que podemos consultar a un tercero de confianza. Pero fingir que podemos dejarlos atrás sin que sean relevantes, ignorarlos, no es la solución. Si han aparecido en estos momentos de nuestra vida es porque tienen un lugar importante en nosotros y reclaman al menos atención.
Luego llegamos al triste momento de comparar los hechos actuales con las expectativas que teníamos antes. En la película, se comparan los éxitos de 40 años y las expectativas de los 8, con lo que el niño llega a la conclusión de que es un fracasado porque no es piloto, no está casado y no tiene un perro. Se nota el gran constaste entre las edades de comparación, actualmente nadie es lo que quería ser a los 8 años pero no dudo de personas que empezaron una carrera con ciertas expectativas, que llevan 20 años de ejercer y se sienten desencantados.

El siguiente paso es aceptar que existe un cambio entre lo que queríamos y lo que tenemos actualmente. Aceptar significa es ver lo que hay y tomarlo como parte de sí. Luego decidir que queremos hacer con él. El mayor error es querer cambiar alguno de los dos: no podemos cambiar ni el pasado ni lo que tenemos ahora o entregarnos a los reproches y la autocompasión. Lo que podemos cambiar es el futuro. En la película vemos que el problema es que el adulto se avergüenza de su pasado y por ello quiere, al principio dejarlo atrás, en lugar de integrarlo a su personalidad, como algo que pasó y que ha cambiado. En parte porque es muy autocrítico, (demasiado diría yo) y cuando nos exigimos la perfección la vida se convierte en un trabajo de lo más estresante.
Sentarse tranquilamente a renegociar las expectativas y los cambios es lo mejor que podemos hacer en estas circunstancias, aunque no nos asegura que será lo más cómoda. Como se aprecia en la película, supone tiempo, esfuerzo y alguna carga emocional, pero vale la pena hacerlo con cierta regularidad para evitar que las crisis vengan con fuerza. Por ello insisto que el plan de vida es la mejor herramienta para tener claro lo que se quiere y poder asegurarse de que lo está llevando a cabo; también permite hacer cambios dependiendo de qué tan flexible sea nuestra personalidad.

Pida ayuda si hace falta. El protagonista pasó de ignorar a sus expectativas, a querer cambiar su pasado y, luego, a decir abiertamente que se avergonzaba de él. Cuando lo que tenía que hacer era escuchar lo que el pasado tenía que decirle y ver la manera de conciliar estos dos momentos de su vida. El momento en que Rust encuentra el camino es cuando pide ayuda a Jean Smart en el papel de Deirdre Lafever, platican tranquilamente del asunto y ella le explica sus errores.
Al final, expectativas y hechos resuelven juntos, con decisión propia sus dificultades personales.
Y después del vértigo de la experiencia hay que poner esos planes en marcha.

No quiero alabar o reprochar el cambio de vida de Rust en la película; lo que alabo es el hecho de ser capaz de reevaluar con madurez un momento de su vida y hacer un plan para cambiar las cosas que no nos gustan sin ahogarse en remordimientos. El fin de año puede ser un buen momento para reflexionar.

domingo, 6 de enero de 2019

Ni eran tres ni eran reyes.


Mosaico de la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, de los siglos VI-VII, una de las primeras documentaciones de los nombres de los tres Reyes (Universal History Archive / Getty)

Hoy la Iglesia católica celebra la fiesta de la Epifanía, que conmemora la visita de unos sabios llegados de Oriente al niño Jesús. Pero no fue exactamente como se recuerda

MAGÍ CAMPS, BARCELONA06/01/2019 

Hoy la Iglesia católica celebra la fiesta de la Epifanía, vocablo que significa revelación y que el diccionario define así: “Manifestación evidente de una divinidad entre los seres humanos”. En el caso que nos ocupa, hace referencia al hecho de que aquel hijo de José y María, de nombre Jesús, fue reconocido a los ojos del mundo como dios gracias a la visita de unos sabios llegados de Oriente.

De los evangelistas, sólo Mateo habla de ello: “Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: ‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle’”.

Mateo no dice cuántos sabios eran, pero sus tres regalos 
han fijado ese número

El rey Herodes, preocupado, se asesoró con los grandes sacerdotes y los maestros de la ley, que le confirmaron que el Mesías había de nacer en Belén, tal como vaticinaban las escrituras: “De ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo, Israel”. Entonces hizo llamar a los sabios llegados de Oriente y les dijo que, cuando lo localizaran, lo avisaran: “Cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo”.

Sabido es que Herodes tenía otras intenciones, y cuando vio que los sabios no volvían, decidió matar a todos los niños varones menores de dos años (los Santos Inocentes). Pero el Evangelio de Mateo sigue:

“Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no volvieran adonde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

Con la piel clara u oscura, siempre hay uno joven, uno maduro y uno mayor

Hasta aquí lo que dice el único evangelista que refiere esta historia. Algunos aspectos quedan claros: los sabios no son reyes, no se dice cuántos eran, tampoco se describe cómo eran, ni se indican sus nombres. La única referencia es que eran unos sabios llegados de Oriente, estudiosos de las ­estrellas.
¿Fueron al portal?

El Evangelio de Mateo dice que fueron “a la casa” de José y María, y Herodes, a partir de la conversación con los sabios, dedujo que Jesús debía de tener menos de dos años. Por eso, cuando se sintió burlado por los visitantes, ordenó la matanza de los niños. Parece que los sabios no fueron al portal a adorar a Jesús, sino a su casa en Belén, al lado de Jerusalén, donde estaba el palacio de Herodes. Pero su casa estaba en Nazaret, un pueblecito de Galilea, una región al norte de Judea. Seguramente estaban allí, pero en algún lugar más cómodo, dado que María acababa de alumbrar, y de allí huyeron a Egipto. En todo caso, no parece que la Sagrada Familia esperara en el pesebre para recibir la visita de los sabios.
¿Eran tres?

El Evangelio de Mateo no lo especifica. Habla de unos sabios que llevaron tres presentes, eso sí. Y parece que a partir de este número se estableció que eran tres. Como mínimo, son los que se necesitaban a la hora de representarlos artísticamente para que cada uno llevara un presente. Sin embargo, la Iglesia armenia aún hoy considera que son doce. Los plurales son indefinidos, es lo que hay.

¿Cómo se llamaban?

Mateo no lo dice, y los evangelios apócrifos, tampoco. Parece que la primera documentación de los tres nombres –Melchor, Gaspar y Baltasar– es un mosaico de la basílica de San Apolinar el Nuevo, en la ciudad italiana de Rávena (la primera ilustración de esta doble página), aunque algunos estudiosos habían atribuido a Beda el Venerable la fijación de estos nombres. Pero el sabio inglés vivió en los siglos VII y VIII, y los mosaicos de Rávena son anteriores o, como mucho, contemporáneos. Otro vestigio está en el evangelio armenio apócrifo del siglo VI que habla de la niñez de Jesús, según explica Franco Cardini en su estudio Los (Península / Thyssen Bornemisza). En cualquier caso, es en esta época cuando se fijan y popularizan los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, que se han mantenido invariables hasta hoy.

En 1504, Alberto Durero pinta a los Reyes según los tres continentes conocidos: Europa el blanco, Asia el rubio y África el negro (DEA / G. NIMATALLAH / Getty)

¿Eran reyes?


Pues no. Aquí sí que Mateo y todas las referencias posteriores lo dejan claro: “Unos sabios de Oriente”. Según las traduc­ciones de la Biblia, en otros casos se habla de magos, pero también en el sentido de personas sabias, que entronca con la teoría –no compartida por todos los estudiosos– de que eran sacerdotes persas, seguidores de Zoroastro, quien reinterpretó la religión mazdeísta, con dos dioses –uno bueno y otro malo–, en uno solo. La astrología no dejaba de ser una rama de las interpretaciones religiosas, por lo tanto todo cuadra si pensamos que aquellos magos observaban el cielo y siguieron aquella estrella nueva que marcaba un camino. Con respecto a ese astro, las teorías sobre un posible cometa son variadas, pero ninguna acaba de coincidir con las fechas aproximadas del nacimiento de Jesús. Volviendo a los sabios, precisamente en su traducción libre al catalán de los Evangelios, Joan F. Mira los denomina astrólogos. Entonces, ¿por qué hoy son reyes? Esta nueva dignidad se establece a partir de las profe­cías del Antiguo Testamento, que hablan de la llegada del Mesías, a quien incluso los reyes adorarán.

¿Había uno negro?


Hasta el siglo XV, no lo parece. Las representaciones de la alta y la baja edad media los muestran como tres hombres blancos, y los diferencian por la edad. Las tres edades del hombre era un tema recurrente en el arte y se aplicó a los tres sabios. Pero a caballo entre los siglos XV y XVI, con la llegada del Renacimiento, se introduce la piel oscura del tercer sabio y se interpreta como si cada uno proviniera de uno de los tres continentes conocidos: Europa el blanco, Asia el rubio y África el negro. Por eso, en algunas representaciones artísticas –y también en algunos belenes napolitanos– cada rey va con un animal distinto: un caballo, un elefante y un camello. También se quería representar, a partir de los tres hijos de Noé –Sem, Cam y Jafet–, las tres estirpes que repoblaron la Tierra tras el diluvio universal.

En 1435, según el estilo del final de la edad media, Stefano da Verona pinta a los Reyes representando las tres edades del hombre (DEA / M. CARRIERI / Getty)

¿Qué significan los regalos?

En la simbología de los presentes hay una interpretación clara: cada uno recuerda una de las cualidades del recién nacido. El oro, porque es rey de reyes; el incienso, porque es la ofrenda a los dioses y remarca su carácter divino, y la mirra, que se empleaba para ungir a los muertos, recuerda el cuerpo mortal de Jesús.

Las reliquias de aquellos sabios llegados de Oriente –que acabaron siendo tres, con nombre propio, uno de cada edad, uno de cada continente conocido y con dignidad de reyes– se veneran hoy en la catedral de Colonia, y su leyenda se ha convertido en una de las más bellas de la cristiandad.

jueves, 3 de enero de 2019

El hallazgo arqueológico que confirmó un relato de la Biblia.

Investigadores encontraron en Jerusalén un sello de 2.700 años de antigüedad que lleva una inscripción que aparece en diferentes relatos de las sagradas escrituras.


Un objeto del tamaño de un botón fue encontrado por arqueólogos en Jerusalén y representaría uno de los hallazgos históricos más importantes de la historia dado que lleva en su cuerpo un grabado que es mencionado en diferentes pasajes de la Biblia.


La pieza tiene más de 2.700 años de antigüedad y fue encontrada durante las excavaciones en el Muro de los Lamentos, de acuerdo a lo que informó la Autoridad de Antigüedades de Israel.

El objeto es un sello de arcilla que pertenece al período del Primer Temploy en su impresión muestra personas enfrentadas, sus cabezas no tienen detalles y sus vestimentas exhiben rayas hasta las rodillas. Debajo de sus dos líneas inferiores hay una descripción redactada en hebreo que señala: “Perteneciente al gobernador de la ciudad”.


De acuerdo a la explicación que dieron los profesores Tallay Ornan, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y Benjamin Sass, de la Universidad de Tel Aviv, el título “es conocido por la Biblia y por documentos extrabíblicos y hace referencia a un oficial designado por el rey”.

En tanto, la arqueóloga Shlomit Weksler Bdolah, integrante dentro de las excavaciones que organizó la Autoridad de Antigüedades de Israel en la zona vieja de la ciudad, el “gobernador de la ciudad”, era un puesto clave dentro de la política del momento y tenía funciones similares a las de un intendente.

El sello en cuestión “formaba parte de un importante transporte y era una especie de logotipo o un pequeño souvenir enviado en nombre del gobernador de la ciudad” y la investigadora afirmó que “probablemente uno de los edificios de nuestras excavaciones era el destino de este transporte enviado por el gobernador de la ciudad“.


miércoles, 2 de enero de 2019

Las razones científicas que explican por qué algunas personas se enfrentan a la autoridad y otras no.


Nos gusta pensar que haríamos lo correcto en una situación difícil. Que nos enfrentaríamos a nuestro jefe cuando fuese necesario, intervendríamos si estuviesen acosando a alguien y diríamos que no si nos piden hacer algo que sentimos que es incorrecto. Es tentador pensar que tenemos una brújula moral innata que guía nuestras acciones, incluso bajo la presión de los demás.
En realidad, la mayoría de nosotros somos notablemente malos al enfrentarnos a la autoridad.
Investigaciones recientes explican por qué somos así, al darnos una idea de cómo el cerebro trata, o no, estas situaciones difíciles.
En experimentos llevados a cabo por la neurocientífica social Emilie Caspar en el Instituto Holandés de Neurociencia, un grupo de voluntarios se dieron choques eléctricos entre ellos.
En primer lugar, se les pidió a los participantes aplicar choques por una pequeña suma de dinero (unos US$6,5 cada vez). Cuando les dieron a los voluntarios 60 oportunidades para infligir choques eléctricos a sus compañeros, alrededor de la mitad de las veces decidieron no hacerlo.
Entre el 5-10% de los participantes prefirieron no administrar los choques a sus compañeros en el total de las 60 ocasiones.
Luego, Caspar ordenó a la persona encargada de aplicar los choques que lo hiciera. Ahora, incluso los participantes que no habían dado ningún choque previamente empezaron a presionar el botón.
La escultura de la niña que se enfrenta al toro de Wall Street, en Nueva YorkDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionNuevas investigaciones estudian cómo podemos hacer frente a la autoridad.
Tan pronto como Caspar dio órdenes, la actividad cerebral de los participantes también cambió, según mostraron escaneos a partir de electroencefalogramas.
El estudio de los escaneos mostró que el cerebro se volvió menos capaz de procesar las consecuencias de las acciones de los participantes. Para la amplia mayoría de ellos, su sentido de responsabilidad empezó a esfumarse.
"He hecho la prueba con más de 450 personas y hasta ahora solo tres se han negado a seguir las órdenes", dice Caspar. "¿Por qué estas personas son diferentes de las demás?"
Estudios en pacientes con daño cerebral localizado están ayudando a responder parcialmente esa pregunta. Cuando las personas sufren lesiones en la corteza prefrontal, la capa más externa de la parte frontal del cerebro, parecen ser mucho más propensas a seguir órdenes que la población general.
PinturaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa cuestión de cómo el cerebro puede ayudarnos a hacer frente a la autoridad, o, a la inversa, a creer lo que nos dicen, es filosófica y científica.
"Escuchan a las autoridades muy fácilmente y son menos capaces de dudar de ellas", dice Erik Asp, profesor asistente de psicología en el Colegio de Artes Liberales de la Universidad de Hamline, en EE.UU. "Eso significa que si una figura de autoridad te dice que lastimes a otra persona, es más probable que lo hagas".

¿Qué sucede en esa parte del cerebro que nos ayuda a enfrentarnos a la autoridad?

La pregunta ahonda en asuntos filosóficos, como la naturaleza y las bases neurológicas de creer en algo.
Aunque no hay un consenso científico claro, el modelo Spinoza sugiere que, para entender una nueva idea o un hecho, nuestro cerebro debe, por una fracción de segundo, creerla por completo.
"El acto de entender es el acto de creer. Lo que sea que son esos procesos, son lo mismo", dice Asp.
Tras una fracción de segundo, la persona puede entonces dudar o rechazar esa nueva información. "Puedes usar un proceso separado neuropsicológico para dejar de creer en esa representación mental" señala Asp.
Una joven se mantiene de pie mientras funcionarios antimotines se le acercanDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Cómo es que algunas personas se enfrentan a la autoridad, cuando la mayoría tiene dificultad en hacerlo?
Para los pacientes con lesiones en la corteza prefrontal del cerebro, esa segunda parte del proceso se ve afectada, argumenta Asp. Así que, en lugar de pensar dos veces sobre lo que dice una figura de autoridad, estas personas tienen más probabilidades de asumir la orden.
La educación es una de las mejores maneras de mejorar la capacidad para dudar, señala Asp, y por lo tanto la capacidad para pensar críticamente sobre las cosas que nos ordenan hacer.

Un bien mayor

Hay otro factor determinante que influye en la manera en que se comportan las personas.
Cuando una figura autoritaria nos pide hacer algo, por lo general lo hacemos porque nos hacen creer en la causa detrás de la orden, señala Megan Birney, psicóloga de la británica Universidad de Chester.
En un experimento, Birney y sus colegas midieron cuántas personas abandonaban un ejercicio en el que les ordenaban hacer algo moralmente objetable.
A través de la historia, hay personas que han superado la incomodidad de obedecer órdenes al creer que el fin justifica los medios.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionA través de la historia, hay personas que han superado la incomodidad de obedecer órdenes al creer que el fin justifica los medios.
Los participantes tenían que adherir términos negativos a grupos de personas en fotos. Las imágenes al principio mostraron grupos fáciles de rechazar, como nazis o el Ku Klux Klan. Pero poco a poco, mostraron grupos más neutrales y acabaron exhibiendo fotos de familias o de niños.
Asignar términos negativos a grupos indefensos de personas tuvo la intención de hacer que la mayoría de los participantes se sintiese incómodos.
Los que siguieron adelante con el ejercicio creyeron que contribuían con algo importante, un riguroso estudio científico, y eso los impulsó a continuar.
"Cuando estás en una situación conflictiva, tienes voces compitiendo entre sí. Una te dice sí y otra no. Es con la que sea que más te identifiques lo que te llevará a pensar qué es correcto y tomar una decisión", apunta Birney.
Le sacan tarjeta amarilla a Cristiano Ronaldo.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionPara que tu cerebro entienda una idea nueva, debe creerla por una fracción de segundo, según el filósofo Spinoza.
Ser capaz de enfrentarse a la autoridad no depende de la valentía o el valor, la confianza o la terquedad. Los procesos cerebrales para rechazar ideas de figuras de autoridad están comenzando a revelarse.
Dada esta complejidad, encontrar formas de entrenarse para superar la resistencia a la autoridad puede parecer increíblemente desafiante.
"Mi objetivo es hacer que las personas puedan resistir", dice Caspar. "Incluso en el ejército, los soldados tienen el deber legal de cumplir órdenes, pero también de negarse a seguir órdenes ilegales o inmorales".
"Se trata de hacer que las personas piensen más sobre su propia responsabilidad, incluso si no se sienten responsables porque están siguiendo órdenes", señala la investigadora.

Fuente: bbc.com